Esta pequeña desalinizadora sólo necesita el vaivén de las olas para poder funcionar

Siguen los avances destinados a conseguir abaratar el proceso de desalinización del agua del mar. El mes pasado os hablamos de un nuevo desarrollo para hacerlo más eficiente, y ahora dos estudiantes de la Universidad de Carolina del Norte, Justin Sonnett y Chris Matthews, creen haber hallado un proceso aun más económico y accesible.

Se trata del Swell Actuated Reverse Osmosis System o SAROS, un sistema de desalinización a pequeña escala que ha sido creado pensando en aquellas personas que no tienen acceso al agua dulce o que necesiten diversificar su suministro. Es un sistema pequeño, que se puede colocar en una zona u otra del mar con relativa facilidad y que sólo necesita la oscilación de las olas para funcionar.

SAROS y el movimiento de las olas del mar

Saros How It Works Graph

SAROS está compuesto por una base con boyas para flotar sobre el mar y un péndulo que oscila con el oleaje. Los movimientos del péndulo alimentan un sistema de propulsión que bombea el agua a alta presión a través de una membrana de ósmosis inversa. Esta membrana emite un agua potable que es almacenada en unos tanques hasta que los propietarios del sistema lo sacan del mar.

Para alimentar las desalinizadora convencionales primero hace falta generar una alta cantidad de electricidad. Los creadores de este sistema insisten en que es más ecológico y económico precisamente porque la energía la obtiene del mismo océano cuya agua va a procesar. Además, al ser un sistema más pequeño su precio también es más accesible.

Actualmente el equipo se encuentra desarrollando un segundo prototipo de SAROS, pero ya con el primero dicen ser capaces de producir unos 2000 galones de agua al día, unos 7570 litros. El sistema tiene una esperanza de vida de alrededor de 10 años, y su precio es de unos 23.000 dólares, unos 21.400 euros al cambio.

La idea de estos dos estudiantes es tener listo su nuevo prototipo a principios del 2016, y ser capaces de empezar el proceso de producción de su invento durante los dos próximos años. Para ello están buscando en su página web la colaboración de otros investigadores, organizaciones y socios estratégicos para sacar adelante su proyecto.

 

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Un nuevo desarrollo podría revolucionar el campo de la desalinización del agua

Las plantas de desalinización se han convertido en un recurso importantísimo a la hora de obtener agua potable a partir del agua de mar, pero el problema reside en que dichas instalaciones necesitan de una infraestructura muy cara y de un gran consumo energético.

Para resolver el problema un grupo de investigadores de la Universidad de Alejandría han ideado una mejora en un método conocido pero muy poco extendido. La llamada pervaporación es un proceso mucho más sencillo y barato en teoría, pero hasta ahora las membranas utilizadas para llevarlo a cabo eran muy caras de fabricar.

Una membrana muy especial, el secreto de la desalinización barata

Eso cambia con el desarrollo de este grupo de científicos que han publicado sus resultados en la revista Water Science & Technology, donde han anunciado que el uso de materiales comunes y baratos en muchos países podría dar acceso a una desalinización eficiente sin que hubiese consumo eléctrico.

El secreto está en una nueva membrana que “atraparía” la sal gracias al uso de polvo de acetato de celulosa. Este material se puede obtener de la corteza de los árboles, y su producción en laboratorio es sencilla y barata. Las membranas que hacen uso de este componente pueden desalinizar agua de mar con alta concentración de sal e incluso son capaces de purificar agua de mar contaminada.

La idea va más allá, y ese mismo principio podría ser aprovechado para minimizar la polución en el medioambiente al capturar partículas de polición y cristales de sal. De lograrse la viabilidad comercial del producto, su puesta en marcha podría ayudar sobre todo a países en vías de desarrollo.

 

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Uso NO sostenible del agua en un evento. El Greencities de Málaga 2015

El pasado 7-8 de octubre de 2015 se celebró en Málaga el congreso conocido como Greencities. Este año ha acogido tanto a Greencities & sostenibilidad, al foro TIC & sostenibilidad, al foro Tikal y a Conama Local 2015. Con múltiples conferencias y más de 350 ponentes venidos desde toda España y del extranjero, se habló durante dos días de la sostenibilidad urbana, sus retos y futuro.

Se habló de tecnologías de la información, de inversión, de huella de carbono, de residuos y sobre todo de energía, pero solo dos comunicaciones técnicas, de 10 minutos cada una, hablaron de agua. Me lo esperaba, ya el año pasado pasó lo mismo, y me suelo encontrar habitualmente que cuando se habla de sostenibilidad a menudo solo se hace hincapié en la eficiencia energética y casi todo lo demás sobra.

En el caso de Conama Local, que no estuvo en la edición anterior en Málaga, el ilustre Santiago Molina @molcru del Instituto Superior de Medioambiente, me ha asegurado que fue algo circunstancial de la temática de este año.

Pero no quiero hablar en ese post de las temáticas del congreso, sino de la organización del congreso en sí.

Un congreso sobre sostenibilidad debería ser sostenible

No tendría sentido que su gasto energético fuese desmesurado o que las emisiones de CO2 asociadas al evento estuvieran por las nubes ¿no creen? No tengo datos sobre el impacto ambiental del congreso ni he visto publicitado nada al respecto así que no voy a aventurar nada, pero sí que hay algo que me llamó la atención y es el uso del agua.

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El congreso se realiza en el Palacio de Ferias y Congresos de Málaga y son ellos los que realizan todas las labores logísticas de los eventos que allí se realiza. Como deferencia a alguien que va a hablar en público es habitual ofrecer agua a los conferenciantes, hasta ahí todo normal, pero que agua y como ofrecerla es el tema que nos ocupa.

A cada conferenciante se le pone encima de la mesa una botella de agua mineral de 0.5 litros abierta con un vaso y este la usa a su discreción. Cuando termina la sesión, se retiran las botellas y se ponen nuevas. La tendencia observada en muchos es servirse agua al sentarse y beber un poco o simplemente tenerla allí servida para cuando le entre sed.Como son botellas individuales, cada botella servida es una botella gastada, hayas bebido poco o mucho.

Para muestra os dejo una serie fotográfica con un ejemplo. Las cantidades usadas son muy similares a la media que he podido observar en otras conferencias, así que es una buena muestra.

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Hagamos algunos números

Supongamos una botella por conferenciante anunciado, en algunos caso puede que el conferenciante no haya tocado la botella o no haya podido asistir, pero en cambio hay conferenciantes extras de última hora o algunos que no aparecen en el programa por no estar confirmados.

Con un total de 350 conferenciantes tendremos 350 botellas usadas de 0.5 litros, lo que supone 175 litros de agua mineral, que como vemos en la fotografía, se desperdician en su mayoría.

El agua utilizada es un agua mineral de “alta calidad”, en botella de cristal, traída desde el Parque Natural del Montseny, en Barcelona, donde está el manantial.

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El traer un agua desde 1.000 kilómetros de distancia con el impacto ambiental que eso produce no está justificado y menos para un evento sobre sostenibilidad. Cierto es que serán las botellas que se utilicen normalmente en todo tipo de congresos y ferias, pero sería bueno pensar en alguna alternativa.

Alternativas

  • La primera sería no usar botellas individualizadas sino jarras. Existen en el mercado una gran variedad de modelos elegantes que podrían cumplir esta función sin renunciar a las maravillosas cualidades de esa agua que solo se encuentra a 1.000 km de distancia. Lo bueno es que al ser rellenables apenas se desperdiciaría y el agua mineral se podría adquirir en formatos más eficientes para transportarlos.
  • La segunda opción es usar un agua mineral de un manantial cercano a Málaga, por ejemplo de Mijas o de Sierra Nevada, reduciendo mucho el impacto del transporte y favoreciendo la economía local, uno de los factores de sostenibilidad que hay que tener en cuenta.
  • La tercera opción es la primera que debería barajarse, usar agua del grifo. Medioambientalmente es la más sostenible con muchísima diferencia y más teniendo la planta potabilizadora casi en la puerta. No sé qué opinará EMASA, la empresa municipal de aguas, patrocinadora del evento, de que no usen su agua. Sospecho que no les preocupa demasiado.

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Pero en Málaga históricamente el agua no ha tenido buen sabor, su alto contenido en sales procedentes de un manantial salino en el rio Guadalhorce, ha hecho que el malagueño medio se haya acostumbrado a no beber agua del grifo. Aún después de haber instalado la desalinizadora del Atabal, la gente siente rechazo ante esa agua para beber. Incluso en zonas que se abastecen con otra agua sigue habiendo ese rechazo. En mi casa, por ejemplo, bebemos solo agua del grifo pero claro, no somos originariamente de aquí, así que no tenemos eso interiorizado.

Pero puede existir un sabor que a alguien que no esté acostumbrado no le sepa del todo bien. Para ello se puede instalar un filtro que depure aún más el agua de la red y elimine algún posible mal sabor por exceso de sales. Con la cantidad de eventos que se realizan en un año, un filtro de estas características no solo sería rentable sino también muy recomendable.

Conclusiones

Al final se basa todo en la concienciación, un evento sobre sostenibilidad no puede usar agua mineral traída desde 1.000 kilómetros de distancia si tiene opciones mucho más sostenibles.

Nos queda mucho camino para llegar a la sostenibilidad en el uso del agua, por eso los agentes sociales con más visibilidad deberían de tirar del carro para servir de ejemplo al resto de la sociedad.

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