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La contaminación del agua en Flint es un asunto de derechos humanos

Contaminación en Flint

El agua contaminada en la localidad de Flint, Michigan, y los daños que ésta supone para la salud, especialmente de las comunidades más vulnerables de Estados Unidos, es un asunto de derechos humanos.

Así lo aseveró hoy un grupo de expertos de la ONU, que conminó al gobierno y a los candidatos presidenciales en ese país a proteger los derechos de los niños y otras personas especialmente sensibles a la polución y las sustancias tóxicas en el agua.

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Pakistán no puede beber agua

Pakistán se muere de sed. En primer lugar, por la enorme crisis provocada por la escasez de agua. Pero también porque el agua que llega a los grifos lo hace en un estado lamentable. Las consecuencias de este drama se traducen en una cifra desoladora:40.000 niños mueren cada año en este país asiático por diarrea, causada principalmente por la pésima calidad del agua y por una carencia de servicios sanitarios mínimos.

Un estudio reciente elaborado por el Consejo Paquistaní de Investigaciones sobre Recursos Hídricos (PCRWR) señala que del 75% de las fuentes de agua potable emana agua, sí, pero no potable. Es decir, sólo una de cada cuatro cumple su función correctamente. Los investigadores analizaron 360 fuentes de suministro en las 24 ciudades más importantes de Pakistán. Sólo 90 (el 25%) presentaron un agua aceptable. En el resto (270), estaba contaminada y no era apta para el consumo.

En la provincia sureña de Sindh concluyeron que, de las 85 muestras, 82 (el 96%) resultaron ser inseguras para las personas. De hecho, en las ciudades de Karachi, Hyderabad o Sukkur ningún examen resultó cumplir los estándares mínimos de calidad. Poco pueden alardear las provincias de Khyber Paktunkhwa y Baluchistán, donde el 90% y el 85% de las fuentes estaba en mal estado. Sólo en la oriental Punjab, la cifra bajaba al 63%.

“Nuestros análisis han encontrado diferentes tipos de contaminación en el agua potable y, sin tratamiento, su uso no es seguro para la salud”, dijo a la prensa el doctor Lubna Naheed Bokhari, portavoz del PCRWR, al presentar el estudio.

Los análisis de laboratorio mostraron que el agua contenía niveles excesivos de contaminación bacteriológica, con un aumento de arsénico, hierro, fluoruros, plomo y sólidos disueltos. Las tuberías con fugas son comunes en Pakistán, lo que provoca la filtración de contaminantes a un líquido básico en actividades diarias como el lavado de ropa, la higiene personal o la preparación y el consumo de alimentos.

Llega a muchos, pero llega mal

El gobierno de Pakistán, en colaboración con algunos países, el Banco Asiático de Desarrollo y el Banco Mundial, lleva años aplicando medidas para mejorar el suministro de agua potable. En 2009, implantó la Política Nacional de Agua Potable para ampliar esta cobertura básica que, a día de hoy, sigue estando en la lista de objetivos pendientes.

De esa política han derivado diversos programas e iniciativas, y ahora el abastecimiento de agua llega al 92% de la población, según datos de 2010 de la Organización Mundial de la Salud y UNICEF. El problema es ahora la calidad de ese agua, una meta sin cumplir, ya que en 2012, el 88% de las fuentes de agua estaban contaminadas.

Estos pasos son insuficientes para organizaciones como WaterAid, que denuncia que todavía 15,3 millones de paquistaníes no tienen acceso a un suministro de agua y que casi 94 millones no cuentan con servicios sanitarios cerca.

Agua sin tratamiento

En Pakistán, la población se abastece de agua a través de grifos, bombas manuales y a motor y, en menor medida, pozos. La presión en todos los casos suele ser baja. Las plantas de tratamiento de agua doméstica residual son limitadas y presentan problemas de funcionamiento. Eso en las grandes ciudades. En las zonas rurales, el tratamiento ni se concibe.

Los expertos sostienen que casi el 40% de las enfermedades que sufre la población en esta nación se transmiten por el agua. La OMS calcula que las enfermedades transmitidas por el agua se llevan la vida de 1,8 millones de personas al año en el mundo y que, de esa cifra, el 88% se atribuye al suministro de agua insalubre, el saneamiento deficiente y la falta de higiene.

El país atravesado por el río Indo sufre una notable escasez de agua. A medida que crece la población, aumenta la demanda de un recurso que avanza en sentido contrario. Y en Pakistán viven 182 millones de personas. Eso hace que sea uno de los territorios con más estrés hídrico del mundo. Los expertos consideran que esa calificación se alcanza cuando se cuenta con 1.700 metros cúbicos de agua por persona al año. En Pakistán la capacidad es de 1.000 metros cúbicos, según datos del Banco Asiático de Desarrollo.

“Necesitamos agua para la producción de alimentos…. Si no tenemos, la seguridad alimentaria será un reto importante para el futuro”, señaló Shakeel Ramay, investigador del Instituto de Políticas para el Desarrollo Sostenible. Pero no sólo alimentos. También en la industria textil, uno de los motores de la economía del país, que se nutre de la producción de algodón.

En todo caso, los expertos advierten que esta crisis tiene dos principales razones: la disminución de las fuentes de agua (sequías) y la mala gestión de las reservas. Y es que la construcción de presas ha generado arduos debates en Pakistán. Dado que el principal río del país atraviesa varias provincias, algunas rechazan que sus vecinas retengan el agua, lo que reduciría el caudal en su suelo.

“Los problemas de agua y electricidad no son realmente un problema para los gobernantes paquistaníes, por lo que nunca hacen proyectos concretos para el país. Los estudiantes y la sociedad civil tendrá que desempeñar un papel crucial en esto”, afirmó recientemente Shamsul Mulk, ex presidente de la Autoridad del Desarrollo de Agua y Electricidad (WAPDA), en un seminario universitario sobre recursos hídricos.

El mes pasado el ministro de Agua y Energía, Khawaja Muhammad Asif, reconoció que en los próximos seis o siete años, si el panorama sigue así, Pakistán se convertirá en “un país muerto de sed”. Un país que se enfrenta a grandes desafíos: levantar una economía renqueante, controlar una población creciente y afrontar el azote del cambio climático que provoca unas sequías mortales para la economía y la población.

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